Cómo conseguí trabajar en una escuela infantil en Noruega.

Hola a todos,

Como cada historia, tiene un comienzo, y mi comienzo surgió en Febrero, cuando tras un año siendo Au-Pair, con sus buenos y sus malos momentos, y con la impaciencia por cambiar de vida aumentando por momentos, me enviaron un email para hacer una entrevista de trabajo. Recibir ese email fue un cúmulo de emociones que jamás podré describir debido a la situación en la que estábamos. Sin embargo los nervios iban creciendo y la espera hasta el momento de la entrevista fue larga.

El día llegó. Allí me planté un frío día de Febrero, con las manos como cubitos y los nervios por si entendería algo a flor de piel. Recuerdo llegar media hora antes y hacer tiempo en la calle para que no pareciese excesivamente puntual, y tras veinte minutos de pasar un frío tremendo, llegó el momento. Me hicieron la entrevista más larga que he hecho en mi vida, aunque hay que admitir que no había hecho muchas previamente. Sin embargo, pese a necesitar preguntar aclaraciones en casi todas las preguntas me sorprendí a mi misma respondiendo a todo, con toda la sinceridad y claridad que pude. Pues si algo tenía claro es que si me seleccionaban, tenía que ser porque de verdad creyesen en mí y no por una fachada que les hubiese contado. O todo o nada, pero ante todo, que me viesen tal cual. Mostré mis dificultades con el Noruego. Mostré mis inseguridades, mostré mis ilusiones y mis ganas. Fui yo.

La primera impresión fue increíble. Pisar una escuela infantil de aquí por dentro después de haberlo soñado tantas veces y que fuese porque me habían llamado ellos, me hizo sentir una sensación impresionante. En ese momento, me daba igual lo que ocurriese, porque fuese como fuese, estaba ahí, y eso era muchísimo mas de lo que nunca había pensado conseguir. Por fuera no era gran cosa; aquí suelen impresionar bastante las escuelas infantiles y sus fachadas de madera y grandes ventanales, rodeadas de bastante bosque. Sin embargo, a simple vista no se veían tantas ventanas y el patio no era inmenso. Sin embargo, al entrar vi que aquello era mucho más impresionante de lo que parecía desde fuera. Los ventanales que desde la entrada no se veían ocupaban toda una pared y la única sala que componía la estancia era grande, amplia y espaciosa, y los niños que me miraban con curiosidad, todavía me hicieron tener más ganas de empezar.

Sin embargo, lo único que tuve claro al salir fue que si no me seleccionaban no sería por mi nivel de Noruego, que era lo que más me había preocupado, pues parecían conformarse con el que tenía y no dudaron en ningún momento de que esto iría mejorando, y esto me hizo sentir bien. Mi debilidad frente al resto de aspirantes quedaba disipada y por otro lado, los nervios aumentaron, pues bien sabía que era muy difícil que me cogieran, al fin y al cabo, tampoco tenía más experiencia y había mostrado sin dudarlo todas mis inseguridades, lo cual posteriormente me hizo dudar mucho sobre si había hecho lo correcto o no.

Sin embargo, llegó el día, dos semanas o tres después, recuerdo que fue un Jueves el día en que tenía que llegar el email con la respuesta. Negativa o positiva. Sin embargo dos días antes me llamaron para hacerme dos o tres preguntas más y contarme que la persona de referencia había hablado muy bien de mí, algo de lo que siempre estaré agradecida. A pesar de ello, seguía esperando al jueves y ese día el botón de refrescar el correo no pudo ser pulsado más veces, aun consciente de que ésto era una tontería, pues el email llegaría automáticamente al móvil sin necesidad de refrescar la página. Y después de toda la mañana esperando pensé que sería una respuesta negativa. Pensé que a la persona escogida la habrían avisado más pronto, y mi ilusión se fue apagando.

Y sin embargo, me equivoqué. A las cuatro de la tarde llegó ese email. El que nos cambió todo y el que nos trajo hasta donde estamos hoy. En el que decía que yo había sido la seleccionada. Llamadas, abrazos y pensar en cómo contar la noticia a aquellos que nos e la iban a tomar tan bien… Una vez más, sin ser capaces de asimilarlo.

Poco después, tuve una reunión de nuevo en la que me explicaron cómo sería todo, qué tendría que hacer y lo que esperaban de mi. Firmamos contrato y, ahora sí, esto estaba pasando. Me dieron el Curriculum de Educación Infantil de Noruega y muchos, muchos, muchos, muchísimos documentos con normas, reglas, planificaciones y cosas del estilo y aquí, ahora sí, empezó la verdadera aventura.

Leer todo, comprender todo, comunicar que nos íbamos de la casa, que justamente Jorge empezase también a trabajar algunos días sueltos, buscar piso, encontrarlo, planear la mudanza, y, sobre todo, asimilar que tras una larga espera, nuestro sueño empezaba a hacerse realidad.

¡Hasta pronto!


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@desdeaquiarriba

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