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“Cuando la pareja pedagógica no funciona, nada funciona.” #oslocuento3

Tras aquellas dos semanas de diciembre, me fui de vacaciones. Me fui con un nudo en el estómago, había empezado una nueva vida y lo que había encontrado no había sido, ni de cerca, lo que esperaba. Sin embargo el viernes conseguí hablar un rato con mi compañera y pareja pedagógica (en el grupo somos 2 maestras y 4 asistentes) y, aunque descubrí que en cuanto a ideales pedagógicos éramos polos opuestos, la cosa acabó en un abrazo y con la intención de hacer equipo.

El dos de Enero empezaba el año con un día de plan. El día de plan es un día lectivo que el barnehage sólo abre para los trabajadores, pero no para los niños. Ese día tenemos una reunión de 8 horas. En ella estuvimos organizando los próximos meses, intentando encontrar una estructura adecuada para el día y planeando cómo queríamos diseñar el espacio que hasta ahora estaba vacío, sin mucho éxito. La comunicación no estaba siendo nuestro punto fuerte y algo estaba fallando, aunque no sabía qué.

Unos días después tuvimos un curso por la tarde. El curso se titulaba “liderazgo en la generosidad” y la ponente era una mujer que comenzó el curso contándonos su vida y, entre otras cosas, que estudió magisterio porque era a lo único a lo que le llegaba la nota y que odiaba estar con niños porque no podía vivir sin tacones. Un muy mal comienzo, me diréis. Sí… Pero no. Ella nos hablaba de cómo esto le había llevado a ser directora y esto a formarse en el liderazgo hasta lograr dirigir centros y llevarlos al éxito, que para ella, se basa en tener unas buenas relaciones laborales, pues esto a su vez generará motivación, cooperación, colaboración y hará que las cosas vayan rodadas.

Un curso de lo más acertado para un barnehage recién inaugurado. Esta mujer a la que no le gustaba trabajar con niños y amante de los tacones consiguió que tras todo el día trabajando estuviésemos sin pestañear durante tres horas escuchando sus experiencias y sus ideas. Desde luego, una conferenciante espectacular y de la que me llevé una idea muy clara.

Necesitamos conocernos y tener un vínculo para así poder escucharnos, comprendernos y ser un equipo. ¿Acaso no es esto lo primero que intentamos hacer con un grupo de niños y niñas al empezar el curso?

Tras este curso yo tenía una idea muy clara: Tenía que hacer lo posible por construir una relación con mis compañeras y, en especial, con mi pareja pedagógica, puesto que si vamos a trabajar juntas, necesitamos entendernos.

El inicio de esto, durante las primeras semanas del año, ha sido complicado. Ella tiene una perspectiva más tradicional y mucha seguridad en sus ideas, y yo, con la misma seguridad, ideas opuestas. Las primeras conversaciones estaban llenas de tensión y poco entendimiento. Me sentía como en una lucha de poder en la que nadie quería dar su brazo a torcer y en la que todo lo que habíamos hablado de intentar hacer equipo e intentar entendernos se quedaría sólo en la teoría. Me fui bastantes días a casa con la sensación de no saber cómo afrontar la situación y dándole muchas vueltas a la cabeza. Cansada, desanimada, perdida.

Un día, un viernes, sucedió un momento de crisis. No habíamos planificado el día adecuadamente por nuestra falta de comunicación y en cuestión de minutos se reestructuró el plan del día hacia otra dirección y hubo un conflicto entre unas compañeras. Ese día se generó un ambiente muy malo, había tensión, quejas y críticas en muchas direcciones y yo me sentí fuera de lugar. Desconocía la raíz del conflicto, no comprendía nada y mi cabeza pensaba “qué desastre, esto no va a funcionar en la vida”.

Ese día tuvimos reunión de grupo con la directora. Tras tratar de resolver el conflicto, llegamos a la conclusión de que cómo sea, necesitamos tiempo de conversación. Nosotras dos necesitamos ir en la misma dirección pues las asistentes necesitan nuestra orientación (En Noruega, a día de hoy, no se requiere formación para ser asistente y esto hace que muchas personas trabajen en barnehage por ser un trabajo “fácil”, con buen horario, etcétera). Sin ese compromiso y sin remar en la misma dirección, nada funcionaría. Así que la directora nos animó a conversar más, darnos tiempo y nos insistió en la ventaja de que fuésemos tan diferentes. La cosa pareció acabar bastante bien, aunque yo no tenía demasiada confianza.

Pero tenía dos cosas claras:

  1. Esto es una enorme oportunidad para mi. Para aprender a escuchar, a comprender, a coordinarme, a trabajar en equipo y a liderar un grupo.
  2. Necesitamos encontrar un punto en común, por pequeño que sea, y explotarlo al máximo. Necesitamos llevarnos bien: URGENTEMENTE.

El lunes siguiente, empezamos a trabajar en esto. Decidí escuchar más, tener más paciencia y confiar más. Supongo que ella decidió lo mismo (afortunadamente) y así fluyeron el resto de días. De pronto nos vimos trabajando mañana y tarde, pues no nos da tiempo a conversar en el trabajo y conversamos la mayor parte de la tarde para entendernos mejor, planear los días y lograr un mejor ambiente. Y en estas estamos. Todavía estamos en el inicio, llegando a pequeños acuerdos y escuchándonos más. No sé cómo irá. No sé si lo lograremos. Pero creo que vamos por buen camino.

Hoy, una semana después del momento crítico, me he ido a casa con una sonrisa. No ha sido un buen día. Ha habido de nuevo falta de personal, ha habido un poco de tensión con el grupo de al lado, hemos tenido que entrar a mitad de la comida porque los niños se estaban congelando las manos. No ha sido la excursión que me hubiese gustado y hemos tenido que improvisar mucho más de lo esperado. Pero hoy hemos sido un equipo. Hoy nos hemos entendido, nos hemos compenetrado, nos hemos animado mutuamente, hemos remado en la misma dirección y hemos conseguido que pese a las circunstancias, los niños y niñas hayan tenido un super día, pues hoy, pese a todo, han habido sonrisas, han habido miradas de complicidad y eso es lo que los niños perciben. Por eso hoy, antes de irme, he ido a decirle que qué buen trabajo habíamos hecho esta semana y a agradecerle el esfuerzo. Y tras esto, me he ido a casa con una sonrisa, consciente de que ella también se irá contenta y viendo que estamos yendo por el camino correcto.


Un abrazo, desde aquí arriba

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