El aprendizaje es inevitable.

Se dice que los niños tienen la capacidad de aprender sin esfuerzo, sin dificultad y sin un trabajo tan costoso como los adultos. Esto se muestra en la forma en que aprenden a hablar, a caminar, a saltar o a vestirse. Lo aprenden de manera natural y en general sin dificultades. Lo aprenden en el momento en el que lo necesitan aprender, sin mayor presión que el hecho de hacerlo. Lo aprenden porque nadie duda que lo aprenderán. Porque es una cuestión de desarrollo y crecimiento.

Sin embargo, esta facilidad de aprendizaje provoca en los adultos un creciente interés por estimular, potenciar y favorecer el aprendizaje en esta etapa con el argumento de que es la etapa en la que lo aprenderán con mayor facilidad.

Esto conlleva que la etapa de educación infantil se defienda como una etapa escolar, educativa y en la que se aprende. Conlleva que las aulas de infantil tengan una apariencia de clase y en la que el proceso de enseñanza-aprendizaje es el principal objetivo. Lectoescritura, matemáticas e incluso idiomas forman parte del día a día de los alumnos de segundo ciclo de Educación Infantil en España.

Desde las escuelas, se tiende a ofrecer esta enseñanza para, de alguna manera, mostrar que los maestros realizamos una importante función, ya que con los aprendizajes de este tipo los niños nos ofrecen una muestra clara de lo aprendido. “Hoy hemos aprendido a contar hasta 10 en inglés” es mucho más visible que “Hoy hemos aprendido a escuchar al compañero“. Este segundo aprendizaje no se considera innecesario pero si secundario o tal vez evidente.

Desde las casas, los padres tienden a querer ver estos resultados en sus hijos. No es poco común escuchar en conversaciones por las calles padres orgullosos de que sus hijos saben contar en inglés, sumar o leer. Sin embargo no es tan común escuchar padres comentar acerca de lo bien que juegan sus hijos a las muñecas.

¿Es más importante saber leer que jugar a las muñecas?

Muchos podrían responder que leer es algo que necesitarán para el resto de su vida y, sin embargo, jugar a las muñecas es un entretenimiento al que, además, dejarán de jugar cuando crezcan y que, por tanto, pueden hacerlo en su tiempo libre.

Al jugar a las muñecas, por poner un ejemplo de juego simbólico, los niños y niñas están imitando la vida adulta. Están cuidando de sus bebés. Los visten, los alimentan, los pasean, los duermen e incluso les cambian los pañales. Al jugar a las muñecas, los niños desarrollan la habilidad de empatizar (sorprendería la cantidad de veces que he visto a niños a los que se les cae accidentalmente el muñeco al suelo y dedican un largo rato a soplar al bebé y abrazarle para que no le duela), por otro lado se desarrolla un concepto de los roles, la función de cada uno. Aprovecho para explicar una evidencia que desgraciadamente parece ser necesaria: Que un niño (chico) juegue a las muñecas, no refleja que sea femenino o que “se vaya a volver femenino”. Un niño que juega a las muñecas está cuidando a un bebé, haciéndole la comida, cambiándole los pañales o sacándolo a pasear, o lo que es lo mismo: Jugando a juego simbólico en el rol de padre. (o hermano, perro, hijo, vecino o incluso madre, hermana, prima…) Es un juego y en el juego todo es posible. La fantasía es el elemento más esencial y puro del juego. munecas

Siguiendo con lo que aprende un niño (ya hablando en general, niño o niña) al jugar, y siguiendo con el ejemplo de las muñecas, tenemos la empatía, los roles, y posteriormente otros conocimientos que varían según el juego que surja en el momento concreto. Tal vez llevan a su bebé al médico y aprendan las partes del cuerpo del bebé. Tal vez lo lleven a comprar y aprendan números al tener que comprar dos peras y cuatro patatas. Tal vez están en casa haciendo la comida y poniendo la mesa y aprenden a ordenar, la rutina de la vida diaria e incluso a contar, al poner los platos correspondientes a todos los que están en el juego (o en su imaginación)

Como se ve en el propio ejemplo, es dificil saber qué va a aprender un niño al jugar a las muñecas. Al igual que al jugar a cualquier otro juego no dirigido. El niño aprenderá lo que surja, lo que le cree inquietud, lo que quiera: y ahí está la magia. 

Sin embargo es complicado programar así. Es complicado explicar a cada uno de los padres lo que sus hijos han aprendido. Es complicado de mostrar e incluso de demostrar. Pero esto me lleva a diferentes reflexiones. ¿Por qué hemos de demostrar que los niños aprenden? ¿Acaso no es Educación Infantil una etapa no obligatoria? ¿Acaso no podemos ceñirnos al curriculum educativo en vez de a las “exigencias” de los padres, compañeros o las nuestras propias?

¿Necesitan los niños aprender a leer en Infantil? ¿Necesitan las fichas, los libros e incluso (y no me matéis) los proyectos?

Los niños, de manera natural, aprenden. Simplemente por el hecho de existir, de vivir, de moverse. APRENDEN. Puede que suene raro, pero es así. Aprenden desde el minuto 0. Hasta el niño menos estimulado. Aprende. A diferentes velocidades. A diferentes ritmos e incluso cosas diferentes. Cuando un niño coge una piedra del suelo y la lanza aprende. Aprende que la piedra está dura, que tiene un peso, que pesa más que otras cosas. Aprendeque al lanzarla caerá hacia abajo por muy alta que la lance. Aprende que hace ruido al caer. Aprende sobre la temperatura de la piedra, sobre su tamaño, sobre su color. Lo aprende de manera inconsciente. Tal vez si no lo pensamos no sabremos que lo ha aprendido. Pero con la experiencia de coger una piedra, aprende. Con todas las experiencias se aprende. También como adultos. ¿Acaso no aprendemos cuando vamos de viaje? ¿Cuando intentamos realizar algo que nunca hemos hecho? ¿No aprendemos a base de probar, repetir e intentarlo de nuevo?

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¿Por qué les metemos a los niños los aprendizajes con calzador en vez de esperar a que los adquieran de forma natural? ¿Qué prisa hay?

En inglés. Por poner un ejemplo que me meterá en un terreno pedregoso. ¿Necesitan los niños aprender inglés desde pequeños? ¿Necesitan las clases de inglés, las películas en inglés, las canciones en inglés? ¿Para qué? Es evidente que un niño de 5 años no va a utilizar el ingles para nada y por tanto la razón evidente por la que se defiende el beneficio de aprender inglés en la primera infancia es su facilidad de aprenderlo.

No diré que no lo aprenden. Porque no voy a defender lo que no puedo defender. Pero sí puedo defender que es más importante que un niño aprenda a vivir, escuchar, hablar, argumentar, comprender y, en definitiva: COMUNICARSE que el hecho de aprender palabras en otros idiomas para familiarizarse con él. ¿En qué le beneficia saber decir los colores o los números en un idioma que no sabe utilizar en ningún contexto?

Al jugar, de manera libre e incluso dirigida, el niño se comunica. Al escuchar cuentos, canciones, poemas, refranes. El niño aprende palabras, aprende las oportunidades que nos ofrece el lenguaje y aprende a usarlo. Un niño, está desarrollándose. Está creciendo y aprendiendo. Pero sobre todo, está viviendo. La infancia es una etapa de paso. Corta. Una etapa a la que jamás se puede volver. Es importante que dejemos de entender la infancia como una mera preparación para la vida adulta. La infancia es más que una preparación. Es una etapa en si misma y en esta etapa de crecimiento y desarrollo no creo que tenga demasiada importancia aprender a contar hasta el 10 en inglés o aprender a escribir con mayúsculas, minúsculas y ligadas. Los niños son niños y como tal deberían vivir. Jugar, disfrutar y experimentar.

El aprendizaje es un añadido que viene de manera inevitable. No necesitamos meterlo con calzador.

Cuando un niño ha de mantenerse sentado, escuchando, “aprendiendo” lo más probable es que se aburra, esté inquieto, pensando en otras cosas, jugando (como pueda) y desinteresado. Todo lo que un niño es capaz de aprender por su plasticidad queda a un lado de manera automática, pues esta plasticidad ha de ir ligada al desarrollo del niño como individuo, al movimiento, al juego. No necesitamos pequeños científicos, escritores o lectores. Necesitamos niños que sepan resolver sus problemas, capaces de comunicarse, de moverse sin dificultades en el terreno, capaces de utilizar la lógica, de crear, de imaginar.

Niños con inquietudes, con ganas de experimentar. Niños que aprendan sin que les tengamos que enseñar. Por mucho que nos duela a los maestros, que tenemos que apartarnos para no entorpecerles la tarea.

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