Salir de excursión un día por semana. Así lo hacen en Noruega

Una de las cosas que más me sorprendió al entrar a conocer la educación de Noruega fue la cotidianidad de las excursiones en las escuelas.

Tres años atrás, al visitar una escuela primaria nos contaron que al menos un día cada dos semanas salían, al bosque, a caminar por la montaña o a hacer algo al aire libre. Sin mayor objetivo que mantenerse en contacto con la naturaleza. Ese día hicimos una hoguera, cocinamos salchichas y observamos a los niños trepar en los árboles como nunca habíamos imaginado, lloviendo, en pleno noviembre y con un frío considerable. Esta práctica parecía tan habitual para ellos que nuestro gesto de sorpresa les parecía de lo más divertido.

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Mágico día de Tur en Noviembre de 2012

Al llegar al Barnehage, me dieron el plan mensual, el plan anual, el plan semanal y todos los papeles que organizan lo que desde fuera parece no estar organizado. Allí estaba, cada miércoles, Turdag. El día de excursión.

Cada miércoles, llueva, nieve, haga sol, viento, 20 grados o temperaturas bajo cero, nos vamos de excursión. Sin falta. Nos vamos cerca, a algún parque, a algún bosque, a dar un paseo por la zona o cualquier cosa similar. Es sin duda mi día favorito de la semana. Es, sin duda, el día que más trabajo de la semana.

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Caminando, aprendiendo, disfrutando y trabajando

Tras desayunar, los niños empiezan a recoger todo lo que se ha usado hasta el momento y dejar el centro bien ordenado. Mientras, se cambian los pañales a los más pequeños, se controlan las mochilas para que cada niño lleve todo lo necesario (su fiambrera con la comida, botella de agua y una muda) y se preparan las mochilas con botiquín, pañales, agua, la comida para los adultos y, si hace fresquito, no falta el termo de cacao calentito. Cuando ya tenemos todo preparado, ya sea con ropa de lluvia, botas de nieve o crema solar y gorra puesta (lo que surja) salimos fuera, organizamos una buena fila equilibrada (no es tarea fácil) cogemos los carros para cuando los bebés se duerman la siesta (al aire libre, como siempre) y partimos rumbo a nuestro destino.

Durante el camino trabajamos diferentes cosas, a cuidar al compañero, a cuidar de nuestras cosas, a fijarnos por donde vamos, a orientarnos en el espacio, a mirar la carretera antes de cruzar, a escuchar. Además, disfrutamos del paisaje, vemos crecer las flores o las vemos secarse, vemos y saltamos los charcos o tenemos cuidado para no resbalar con el hielo. Nos fijamos en los árboles, cómo cambian durante el año, y aprendemos sobre todo lo que nos ofrece el entorno. Vemos números, letras, señales de tráfico. Vemos y aprendemos a cada paso. Pero sobre todo, disfrutamos juntos y creamos un clima de grupo muy diferente.

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A veces nos ensuciamos un poco, sobre todo si es época de arándanos 🙂

Al llegar al destino, dejamos todas las mochilas juntas en un sitio resguardado, bebemos agua y ¡A jugar! Siempre hay algo que hacer y después, hambrientos nos sentamos juntos a comer y tomar un vasito de cacao calentito que nos reanima para seguir jugando antes de emprender el camino de vuelta. El día de Tur es sin duda el día más especial de la semana. Lo disfrutamos todos como ningún otro día y aprendemos de lo más cotidiano.


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@desdeaquiarriba

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