Lo que no te cuento de Noruega (parte dos).

Lo que no te cuento de Noruega, es que me vine aquí con un sueño. Sin pensar demasiado y por vivir la aventura. Vine con la ilusión que se tiene al terminar la carrera y decidir vivir un año fuera con tu novio. Vive para crecer, para aprender, para viajar.

Cumplí mi sueño y logré conocer la vida en la escuela infantil de aquí con infinitamente más éxito del que pensaba, pues no conseguí visitar una escuela, sino trabajar en ella.

El viaje, la aventura, se convirtió en la vida

Lo que no te cuento de Noruega es que estar en Noruega no era mi plan. No. No era mi plan descubrir que aquí la vida era otra cosa completamente diferente. No vine a Noruega a descubrir que la escuela no es mejor por sus recursos económicos sino por la mirada de la sociedad hacia la infancia. No vine a Noruega a descubrir que aquí cualquier persona con cualquier trabajo puede vivir y formar una familia sin preocuparse por si podrá comprar pañales a su hijo. No vine a Noruega a descubrir que aquí, al tener un hijo vas a poder estar con él hasta 14 meses entre el padre y la madre. No vine a Noruega para darme cuenta de que aquí los abuelos son un elemento de la familia con quien disfrutar, no de quien depender.

No. No vine a Noruega para encontrar mi oportunidad, porque a diferencia de muchos otros, yo era muy joven, y aunque sabía que iba a ser difícil trabajar en España, lo veía posible. No vine como quien se va a buscar un futuro mejor, no vine con el objetivo de trabajar aquí. No. Aunque parezca raro.

Lo que no te cuento de Noruega es que aquí me he encontrado con unas oportunidades que cada día veo más difíciles en España. Porque no quiero tener miedo de perder mi trabajo. No quiero que mis hijos, si los tengo, tengan que ser llevados y recogidos del colegio por sus abuelos porque mi horario y el de su padre nos impida recogerlos. No quiero que se tiren todo el día en una silla en el colegio. No quiero que les etiqueten. No quiero que jueguen 30 minutos al día mientras aguantan su almuerzo. Pero no sólo eso. No quiero trabajar por norma 30 minutos más al día de la cuenta, ni que mi sueldo sea tan bajo que no me dé para llegar a fin de mes. No quiero salir a la calle con miedo a que me roben, o peor, que me violen.

Lo que no te cuento de Noruega es que me gustaría poder dejarla, y que fuese mi destino de vacaciones, pero que cada vez que pienso en volver a España me entra el miedo. El miedo a no tener trabajo, o peor, a tener un trabajo que en el que no tenga derechos.

Lo que no te cuento es lo difícil que es vivir lejos de tu familia sin haberlo decidido realmente y ver que el regreso es cada vez más difuso. Lo que no te cuento es lo duro que es ver a tus sobrinas crecer a pasos agigantados desde la pantalla del móvil. Lo que no te cuento es lo difícil que es saber que te están esperando porque te fuiste para un año, y ya llevas cinco. Lo que no te cuento, de Noruega, es lo difícil que es vivir sola, con mi pareja, sí. Pero solos. Muy solos.

Lo que no te cuento de Noruega es que lo que empezó como una aventura con fecha de caducidad, me ofrece ahora unas posibilidades que no me ofrece mi propio país. Lo que no te cuento de Noruega es la cantidad de momentos familiares que me he perdido en estos años, y los que me seguiré perdiendo. Lo que no te cuento de Noruega es que mis quejas hacia España, hacia sus coles, hacia sus parques, hacia sus miradas, me duelen infinitamente más de lo que te imaginas. Porque no. No era mi intención mudarme a Noruega.

¿Podré volver algún día?

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