Mi experiencia en un grupo con seis edades diferentes (1-6)

En dos semanas dejo mi Barnehage de Bergen. Lo dejo para empezar una nueva aventura a la que le tengo muchas ganas y en la que espero disfrutar, aprender y conocer mucho más, tanto en lo personal como en lo profesional. Pero empezar algo nuevo conlleva dejar algo atrás y en este caso dejamos atrás una ciudad preciosa y un trabajo (bueno, dos, contando con el de Jorge) que supuso cumplir un sueño y aprender un montón de cosas.

A mi barnehage llegué sin ninguna experiencia, sin saber nada y con el deseo de aprender. Y aprendí. Aprendí cosas que me encantaron e incluso aprendí cosas que me hicieron indagar más, aprender más aún por mi cuenta y llegar a ver que lo que yo había aprendido y visto como ideal no lo era tanto. Es curioso cómo cosas que primero te parecen maravillosas, al aprender y ampliar tu visión del asunto empiezan a parecerte un poco menos buenas. Por eso intento tener siempre en mente que aquello que hoy creo que es lo mejor, probablemente en el futuro tenga sus peros, sus aclaraciones y sus cambios. Pero, ¿acaso no va de esto la vida?

Si hay una cosa que no dejó de fascinarme hasta el último día fue el grupo. Un grupo de niños y niñas de 1 a 6 años, todos juntos, conviviendo.

Esto es sin duda lo que más me ha marcado de mi paso por el barnehage. Las frases ¡qué maravilla! y ¡qué locura! se han pasado por mi cabeza casi cada día desde el inicio, pero la maravilla supera con creces la locura, os cuento.

En mi centro sólo hay un grupo, de niños desde 1 año hasta 6 años, todos juntos (esto no es lo más común aquí, es un centro muy muy pequeño, aunque sí es muy frecuente que haya grupos de 0-3 y de 3-6 mezclados). Y yo, cuando empecé, me preguntaba: ¿Cómo organizan las actividades para que todos puedan participar? ¿Cómo consiguen adaptarse a las necesidades de cada uno? ¿Cómo los niños mayores pueden convivir con los más pequeños sin que haya accidentes? ¿Cómo, cómo, cómo…?

Ay, Miriam, pues jugando. Dejando que el tiempo de juego ocupe la mayor parte del día. Permitiendo que el movimiento sea libre. Dejando que vivan, que sean y que convivan. Tan sencillo y tan dificil de visualizar sin haberlo visto. Y sí, ¡se cumplen los objetivos del currículo educativo!

Los niños y niñas pasan el día (un 80% del día) jugando. Ya sea dentro o fuera. El juego es libre (si no, no es juego) y en este tiempo de juego suceden muchas cosas. Ellos pueden jugar donde quieran del centro, con quien quieran y a lo que quieran. De manera natural muchas veces se juntan con los niños o niñas que están en su mismo nivel de desarrollo (que no tienen necesariamente que ser niños que han nacido en el mismo año) pero esto no siempre es así. A veces juegan mezclados y es muy interesante. Aprenden los unos de los otros, de la interacción que surge, de los roles de cada uno, de la forma de actuar, de explorar, de tocar, de sentir. La imitación (o las neuronas espejo) van mucho más allá de imitar al adulto, sino que imitan todo. Esto supone que los más pequeños van imitando a los niños mayores y con ello van desarrollando más y más capacidades.

Ayuda que surge espontáneamente

Pero no sólo los pequeños se benefician. Todos lo hacen.

Los mayores instintivamente cuidan de los pequeños. Sin que nadie se lo pida, de pronto ves a un mayor (ojo que no necesariamente de los más mayores, e incluso a veces surge con un igual) ayudando a otro a alcanzar algo que está un poco alto, poniéndole el calcetín o dándole un abrazo porque ha caído al suelo.

Además, siento que aprenden sobre el proceso de la vida, de crecer, de desarrollarse. Viven en primera persona los logros evolutivos de sus compañeros y amigos así cómo los propios y tienen una enorme conciencia del hecho de que “ahora esto no me sale pero cuando crezca y haya practicado me saldrá” lo que creo que favorece mucho el conocimiento de uno mismo y la creación de una imagen positiva de uno mismo.

Pero esto también puede salir mal.

Sale mal, por ejemplo, cuando de pronto un adulto le dice a un niño mayor frases del tipo “no hagas eso que entonces los pequeños aprenden eso” o “Eres el mayor no puedes portarte así”. Entiendo que estas frases se piensan. Yo misma lo pienso y alguna vez lo he dicho. Es instantáneo que un niño mayor hace una cosa “mala” (o que no nos viene bien: muy ruidosa, muy desordenada justo cuando nos vamos a ir…) y el pequeño lo imita sin parar. Pero ¿es esto responsabilidad de este niño mayor? ¿Es acaso la acción en si misma mala o es nuestra comodidad o nuestra mente cuadriculada la que nos hace verlo así? ¿Si esa acción es perjudicial o peligrosa, podríamos haberla prevenido, por ejemplo, mejorando el espacio o estando más presentes? ¿hasta que punto debemos darle esa responsabilidad a los niños?

En mi (corta) experiencia lo que he observado es que hay niños con una alta capacidad de responsabilidad que disfrutan de sentir que son un ejemplo, les encanta serlo y lo son incluso cuando nadie les ha pedido que lo sean. Pero hay otros niños que llevan esta responsabilidad como una carga. Un niño me dijo literalmente “Yo no soy tan mayor aunque sea el más mayor del grupo”. Esta frase me marcó mucho y me dejó pensando. Él sentía profundamente esa carga que se le había impuesto con la intención de hacerle sentir bien, de hacerle sentir especial. Él tuvo el valor y el suficiente conocimiento de si mismo para verbalizar esto y pararlo. Me pregunto cuántos otros cargan con esto sin ser capaces de decirlo, ya sea por desconocimiento o por miedo a no cumplir la expectativa.

Convivir. Esto hacemos en el barnehage.

Más allá del juego, de las excursiones, de cualquier actividad del barnehage, lo principal es convivir. Pasamos muchas horas juntos y muchos días. los niños y niñas se conocen muy profundamente, saben que L. no usa pañal pero sí lo usa para hacer caca. Saben que U. tiene un lunar en la barriga. Saben que S. solo come queso marrón, que P. no dice bien la “v” y que R. cuando se despierta de la siesta no quiere nada más que sentarse en el regazo de un adulto y estar unos 10 minutos recibiendo (y dando) amor. Al igual que saben que yo no pronuncio bien la “u” noruega y que algunas palabras no las entiendo. Y lo saben porque es su día a día, y sin juicios, sin pretensiones, lo aceptan, lo respetan, les da igual, su mundo es demasiado fascinante como para juzgar a los demás.

A mi me ha encantado trabajar en un grupo mixto, me parece que se crean relaciones, interacciones y situaciones maravillosas. Os iba a contar esto con muchas más anécdotas en un Podcast, pero me he constipado y mi voz no está muy útil esta semana, pero si te interesa el tema y te apetece que cuente más al respecto, avísame por los comentarios o en redes sociales (@desdeaquiarriba) porque es un tema que da para mucho y a mi me fascina.

Un abrazo desde aquí arriba!

5 Comentarios

  • Ana

    Mi hijo fue el año pasado a un centro de pedagogía activa muy pequeñito pero donde todos los niños estaban juntos (2-7), a veces les dividían para hacer determinadas cosas aunque era más bien algo natural. Se les ofrecían talleres y los que querían participaban y los que no pues jugaban. A mí la mezcla de edades me parece maravillosa, desde muchos puntos de vista. A pesar de que creo que no era completa porque muchos niños ya estaban “contaminados” con el tema de la edad por las extraescolares, el parque…y a veces “rechazaban” a los pequeños, yo veía que tenían un comportamiento más abierto que la media.

  • Mónica

    Hay tiempo para dividirles x grupos de edad para hacer ciertas actividades o manualidades? La gimnasia por ejemplo se adapta al nivel de desarrollo y necesidades de cada uno, pequeños y mayores?

    • Miriam

      Hola Mónica! Pues más bien esto sucede de forma natural, la mayor parte del tiempo es juego libre entonces ellos hacen lo que su nivel de desarrollo y su instinto evolutivo y de progreso les invita a hacer. En cuanto a las manualidades, también suelen ser libres (se ofrece el material, algunos ejemplos a modo de inspiración y cada uno hace lo que quiere) así que no hace falta mucha separación por edades. En cuanto a la gimnasia, realmente no hay. Están en movimiento constante todo el tiempo y no la necesitan. Pero si alguna vez se dividen, por ejemplo en los momentos de reunión o asamblea los más pequeños no suelen estar porque no están interesados. A veces para las excursiones nos dividimos, para poder por ejemplo ir a alguna montaña que los más pequeños todavía no podrían subir, pero en general hay poca división en el centro en el que he estado. Un abrazo!

      • cristobal

        hola soy cristobal mi pareja es profesora de primaria y estamos en bristol.ella tiene tambien sicopedagia y profesora de primaria.habla ingles. queremos dar wl salto a noruega pero tenemos q tener ttabajo los dos.y yo soy camionero y mi nivel de ingles es bajo pero progreso. q nos aconsejais donde mirar dirigirnos.gracias.este es mi wassap 625928687

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