¿Comunidades de aprendizaje o fichas de camuflaje? Mi experiencia en las prácticas de magisterio.

Hoy os quiero contar una experiencia que tuve allí abajo, muy cerquita de Valencia hace ya unos cuantos años, concretamente en mi último año de carrera.

En la carrera de magisterio, en Valencia, hacemos prácticas 3 veces. Dos semanas en primero, un mes (creo, quizá era un poco más) en tercero, y unos 3 meses en cuarto. Mis dos semanas de primero las hice en el cole al que había ido de pequeña. La verdad es que por aquella época y recién empezando con aquello de la universidad me hacía ilusión volver allí. Fue un desastre. Me encontré en un aula de niños y niñas de 4 años con una maestra que les gritaba todo el tiempo. No exagero, nunca la oí hablar. Era la típica que gritaba “¿QUERÉIS DEJAR DE GRITAR DE UNA VEZ?” y claro, nadie dejaba de hacerlo. Lo pasé bastante mal allí, pues me decepcioné mucho, y sé que si lo hubiese vivido en el presente no lo hubiese soportado. La segunda oportunidad que tenía de hacer prácticas me pilló de Erasmus. En mi Erasmus no tenía que tener prácticas pero tuve la suerte de realizar el mejor Erasmus de la historia y tuve dos semanas en un cole de primaria en Noruega, donde aluciné demasiado (como os podéis suponer).

Mis prácticas en España habían sido escasas y muy pésimas, así que me fui a hablar con el profesor que mejor valorado tenía en la universidad y le pedí consejos. “Cualquier sitio al que pueda llegar aunque sea en tren, pero que sea bueno” y me recomendó el que para él era el mejor colegio público de Valencia. Tenía que ir en tren pero bueno, estaba cerquita y con tal de tener unas prácticas en condiciones me contentaba. Así que allí me fui.

¡Iba a empezar mis prácticas en una comunidad de aprendizaje y estaba realmente ilusionada!

En este centro, infantil trabajaba por proyectos. Para mi en ese momento los proyectos eran lo mejor, incluso mejor que el juego, así que estaba feliz. Una maestra joven, un grupo de niños y niñas de 4 años en uno de los mejores coles públicos de Valencia. ¡Iba a ser genial!

Pero entonces empecé.

Empecé a ver que en la asamblea (que también en aquel momento me parecía lo más más más valorado) casi no les dejaban tiempo para hablar de sus cosas. Empecé a ver que por las tardes hacían un “proyecto” de El monstruo de colores que consistía en colorear ilustraciones del monstruo y “comentar” que el monstruo se sentía de X manera. Empecé a ver que el proyecto en el que estaban… ¡Ay el proyecto en el que estaban!

Estaban haciendo un proyecto de los continentes (lo más cercano a los niños y niñas de esta edad) que consistía en visualizar un power point y escuchar una explicación de la maestra (clase magistral corta) y después hacer una ficha al respecto. Una ficha mínimo cada día por la mañana y otra por la tarde. Fichas que (OJO) estaban hechas caseras por las propias maestras ¡No era un libro! Tip: Si vas a hacer lo mismo que habría en un libro, mejor compra el libro.

Fichas en las que primero “ponían en común” lo que iban a escribir y después la maestra lo escribía en la pizarra para que ellos lo copiaran. Sí. Un proceso de aprendizaje brutal. Pero, además, si lo escribían “mal” (Letras demasiado grandes, demasiado torcidas, demasiado desordenadas o directamente se olvidaban una letra) se lo borraba y vuelta a empezar.

Además de las fichas, de la presión por que lo escribiesen (copiasen) todo perfecto (con 4 años) y de la falta de libertad (estar sentados era obligatorio, tan necesario como pintar las cosas del color “correcto” y que las letras fuesen todas igualitas) los contenidos acerca de los continentes era lejanos y de nulo interés para el alumnado: En américa estudiaban los indios y los vaqueros, ese era el nivel. (Todo esto porque los de 5 años estaban haciendo una obra de teatro, porque sí. 3, 4 y 5 años tenía el mismo proyecto. (Que niños tan compenetrados que tienen el mismo interés).

Tras la obra de teatro se terminó el proyecto y pude presenciar la elección del próximo proyecto. Esta vez se juntaron las dos aulas de 4 años y votaron los niños. Yo pensé “bueno, no es un interés puro pero oye, al menos eligen algo…” Pues no. Estaban empatados los planetas y los monstruos y la maestra puso una rallita más en los planetas, disimuladamente. (que por otro lado, no sé hasta que punto los que votaron los planetas sabían lo que estaban votando…) os prometo que esto es 100% real (no fake).

Durante el proyecto de los planetas siguieron la misma mecánica de clases magistrales versión corta y fichas. En ellas aprendieron además algunas barbaridades como que el sol es la estrella más grande del universo (Hicieron una manualidad de pegar trocitos de papel en un sol gigante para que les entrase de manera significativa este hecho). Yo le dije alguna corrección a la maestra (en privado) sobre la fuerza de la gravedad y el tamaño del sol y me trató de loca (creo que no se creyó lo que le dije del tamaño del sol), y como yo era (o soy) bastante tímida pues ya no le insistí más.

Mejor no digo nada más

Además de esto hicieron un examen. Sí. EXAMEN. O como ella lo decía. “prueba”. Los iba sacando de las horas de música o psicomotricidad para hacerles la prueba, donde les preguntaba las letras, números, formas, etc. Con cuatro años. CU-A-TRO. Por otra parte, también sacaban a los niños o niñas con necesidades específicas de apoyo educativo del aula para recibir dicha atención, algo que me pareció llamativo en una comunidad de aprendizaje.

A parte de estos proyectos, estaban las clases de inglés, en las que una maestra interina que a la pobre le tocó ser el apoyo y el inglés y no sabía prácticamente inglés les ponía vídeos de canciones y se dirigía a ellos en valenciano. En las clases de música llegaron a colorear fichas de guitarras y panderetas (de manipular cero patatero).

Por supuesto no todo era malo. Hacían grupos interactivos un día por semana, y también hacían psicomotricidad vivenciada y era el momento más feliz de la semana, pues podían jugar libres y moverse libres, igual que en la hora del patio (siempre que no lloviese, claro). Nos explicaron mucho cómo y por qué se habían convertido en comunidad de aprendizaje y la idea me pareció bastante interesante. Sin embargo la puesta en práctica, al menos en infantil, me pareció un camuflaje de metodologías anticuadas e irrespetuosas con la infancia. Lo que hoy en día se conoce como POSTUREO.

Y tú, ¿has tenido alguna experiencia similar? ¿tuviste unas prácticas en condiciones o te pasó como a mi? ¿Conoces de cerca alguna comunidad de aprendizaje? Cuéntanos tu experiencia en los comentarios o en las redes sociales.

Hasta pronto, un abrazo, desde aquí arriba

Un Comentario

  • Nuria

    Pues basicamente… describes muchos colegios. En el que estoy ahora, por ejemplo. Ahora nos estan haciendo un asesoramiento para implementar metodologias más acordes con los estudios que se han hecho sobre cómo aprenden los niños, pero dudo que el ciclo implemente algo. Lo conocido (fichas) da seguridad y salir de la zona de confort cuesta

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