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Ni juego, ni proyectos ni metodologías megachachis. Nos falta lo más importante.

Empieza el día. Llega I agarrada de su madre. una compañera la arranca de sus brazos mientras la madre rápido y con prisa le da un beso y le dice “mamá tiene que ir a trabajar”. Continúa el día, mientras T dice que no quiere más pan en el desayuno, mi compañera le advierte de que si no se come el pan, no podrá comer fruta después. Seguimos con el día y llega el momento de juego libre: “Eso no se usa así”, “no lances eso”, “no te subas ahí”, “Pues ala, lo saco del aula y ya está”. Un par de niños se pelean, llega un adulto, los separa diciendo “Aquí no se pelea”. A L le cae el moco, rápidamente una mano con un pañuelo se acerca a su nariz y le limpia los mocos, así, sin avisar. Y así va yendo el día, la semana, los meses…

En otra escuela llega el momento de entrada, todos a la fila, en linea recta. Entra y sientate, que hay asamblea. Pero no hables, que interrumpes, espera a tu turno, yo puedo interrumpir porque soy la maestra, y yo decido, haber estudiado si querías decidir tú. Ahora haremos un proyecto, de los planetas, porque yo quiero, o porque la editorial lo decide. Pinta el sol, pero no así, píntalo bien, amarillo. Ahora almuerzo, “cómetelo todo que si no no crecerás” Ahora a jugar. Tienes 30 minutos ni uno más ni uno menos. Pero no grites, no te manches, el agua no se toca.

Y después nos vamos a casa pensando “Qué proyecto tan bonito ha quedado” o “Mira cuanto les he dejado jugar” Y tan campantes.

Pero… ¿Seguro que lo estamos haciendo tan bien?

Quiero pensar que muchos estamos de acuerdo en que la escuela tradicional en sí misma no es respetuosa con el niño. Se le obliga a estar sentado durante horas, sin respetar sus necesidades de movimiento, se le obliga a escribir, repasar o copiar durante horas, sin respetar su propio ritmo o sus intereses, se le obliga a respetar a la maestra, por el hecho de estar en una posición jerárquica superior y un largo etcétera.

Una vez, cuando no sabía nada sobre el respeto hacia la infancia y no me había planteado nada de esto escuché a alguien comentar que cuando hablas con un niño es importante agacharte para verle de frente y no desde arriba, pues esto muestra respeto, frente a la superioridad que implica mirar desde arriba. Esto en ese momento me hizo pensar mucho y desde entonces decidí llevarlo a la práctica. Pero los años y la reflexión me han hecho ver que el respeto va mucho más allá de hablarles a su altura.

Respetar es algo más profundo. Es entender a la otra persona como una persona completa y entender que es diferente a ti. Sus necesidades, sus pensamientos, sus experiencias, su forma de razonar, sus preocupaciones. todo esto es diferente a ti. Entender esto y aceptarlo, sin intención de cambiarlo, es el respeto.

Respetar a los niños y niñas implica entender que son personas, e igual que cualquier otra persona, es diferente a ti, pero merece el mismo respeto. El adulto se encuentra en una situación privilegiada frente al niño, pues el niño depende del adulto, tanto en la familia como en la escuela, esto no implica que sea un ser inferior y que nos deba su respeto y devoción. Esto implica que el adulto, además de relacionarse con el niño con el mismo respeto con el que lo haría con cualquier otra persona tiene, además, la responsabilidad de protegerle y ayudarle en aquello que haga falta. Si este adulto forma parte del personal docente tiene además el deber de ser incluso más respetuoso de lo que puede ser en su vida privada, pues en este caso es una persona que está trabajando en un trabajo que implica ser un modelo, implica estar enseñando, todo el tiempo, no sólo cuando das tu clase magistral.

Así que al hecho de agacharme a la altura del niño para hablar le añadí la siguiente parte y, para mi, la más importante. ¿Esto que voy a decir o hacer, se lo diría igual a un adulto?

Si arranco a I de los brazos de su madre, no me extraña que I arranque el muñeco de las manos de su amigo. Si amenazo a T por no comerse la comida, no me extraña que después amenace a O cuando no quiere dejarle su juguete. Si le grito a A porque ha hecho algo que no me ha gustado, no me extraña que A le grite al que tiene al lado cuando se interpone en su camino. Y así, cuando llegan a la edad adulta, encontramos personas que no respetan nada, y diremos “Es que los jóvenes no respetan nada” y yo me pregunto ¿Quién les ha enseñado a respetar, y de qué manera?


Escucha el podcast en relación a este tema aquí:

Autor

desdeaquiarriba.blog@gmail.com

Comentarios

Mariana
11 marzo, 2020 a las 22:10

Ay como t entiendo! Yo misma podria haber escrito eso… Trabajo en una escuela desde hace 12 años y aunque estoy totalmente de acuerdo contigo veo imposible ese cambio a dia de hoy en nuestras escuelas. Necesitamos un cambio total de mentalidad, pero mientras sigamos teniendo por ejemplo como yo este año 20 niños de 2 años por aula de es misión imposible. Como bien dices en un post, intentar que no pase nada es la misión principal. Ahora mismo mi cambio de mentalidad está produciéndose pero como no me siento acompañada tengo mucha desilusión con mi trabajo por no hacerlo como quisiera. Así, que he decieo



    Mariana
    11 marzo, 2020 a las 22:12

    Qué me he quedado a medias! 😆
    Así que he decidido tomarme un respiro el curso que viene y estudiar. Me gusta mucho mi profesión pero asi no. Un beso!



Rosa
11 marzo, 2020 a las 01:02

Completamente de acuerdo. Lo veo cada día, no hay respeto real a esos seres humanos tan vulnerables y a la vez tan sabios , pues sienten sus necesidades perfectamente y tratan de satisfacerlas, hasta que el adulto les corta su camino, les impide realizarlos o les amo están continuamente. Así vamos desarrollando el carácter y perdiendo nuestra esencia real. Luego, de adultos, ya perdimos la capacidad de tomar contacto con nuestras necesidades reales…y vamos cubriendo otras necesidades que la sociedad nos impone (consumismo)….en lugar de las reales, internas, íntimas de cada ser.



Chales
8 marzo, 2020 a las 20:13

Ellos creen que no les entiendo, se figuran que yo ni veo ni oigo. Solo quisiera que supiesen que sí, sí los entiendo y quisiera a la vez que me entendieran a mí.
Reflexiones de Chips en la clase de griego en la película “Adiós, Mr. Chips” (1969)



Beatriz
7 marzo, 2020 a las 23:55

Solo me sale aplaudir. Qué bien contado. Gracias!!!



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