Pues sí, hemos salido tan mal…

Una sociedad que compite sin parar. Una sociedad en la que criticar a tu prima, a tu vecino o al que pasa por ahí es lo más normal. Una sociedad en la que merendar una manzana con frutos secos está peor visto que ir a tomar una cerveza. Una sociedad que critica a quien decide no comer carne y le acusa de que no va a estar sano mientras se fuma un cigarrillo. Una sociedad en la que violaciones y maltratos están a la orden del día. Una sociedad…

Una sociedad que “no ha salido tan mal”

Una sociedad que no respeta, que antes que ayudar al otro prefiere ponerle la zancadilla, y ya si eso, después, ayudarle para poner una foto en instagram con el hashtag #solidaridad.

Y me diréis radical, y me diréis que soy muy negativa, que no todo el mundo es así… Y no. No todos son así. Pero todos nos hemos cruzado con este tipo de personas.

El otro día hablaba con mi compañera sobre que en España habían maestras que no daban abrazos a su alumnado por si se acostumbraban y me dijo extrañada “¿Pero qué clase de sociedad pretenden crear?” No quiero pensar la cara que pondría si le cuento que muchísimos maestros y maestras de infantil deciden no cambiar la ropa a una persona que se ha meado o cagado por accidente ya que “no es su trabajo” o peor “para que no piensen que es abuso sexual”.

Pues no, no hemos salido mal: Hemos salido FATAL.

Políticos que repiten elecciones sin parar y que no logran llegar a acuerdos. Personas que se ríen del resto, que critican el cuerpo del de al lado, su ropa, su peinado, su pendiente o su forma de caminar. Personas que evaden cualquier impuesto que pueden, sean céntimos o millones. Personas que se rien del diferente, que juzgan a quien dice que no bebe alcohol. Que juzgan al niño que lee de ser un friki mientras aplauden al que le empuja, por miedo a convertirse en el emnujado, o peor, porque les parece divertido.

Niños y niñas que tras sus días de colegio, sentados en sillas sin poder moverse, llegan a casa pegando gritos y con enfados “descomunales” mientras sus padres, agotados tras largos días de trabajo mal pagado no tienen energía ni tiempo de escuchar, acompañar y respetar.

FOTO: Facebook del AMPA CEIP Carles Salvador
“Todos queremos un parque sin cacas”

Una sociedad que no ama la infancia ni la respeta. Una sociedad que prefiere los locales sin niños. Una sociedad que quiere niños callados, sumisos y quietos. Una sociedad que tira colillas en los parques infantiles y no recoge las cacas de sus perros de los areneros infantiles. Una sociedad que critica a quien amamanta porque amamanta y si no amamanta, lo critica por no hacerlo.

Una sociedad rota. Pero no hemos salido tan mal… ¿O sí?

¡Un abrazo desde aquí arriba!


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@desdeaquiarriba

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