“Si los dejo jugar libres, se matan.”

La semana pasada hablaba en mi podcast sobre que los niños aprenden jugando, sí, pero cuando el juego es libre. El juego libre permite a los niños SER. SER ellos mismos, experimentar lo que quieren, como quieren y cuándo quieren. Les permite ser dueños de su tiempo y por tanto les hace autónomos, les hace libres y esto potencia su crecimiento personal y su desarrollo. Además de ser una necesidad innata. Pero entonces me llegó el mensaje. Los mensajes. “Esto sería genial, pero se vuelven locos” “Esto es ideal pero hay muchísimo jaleo” “Sí, pero si los dejo jugar libres, se matan”

Sí. Habrá ruido. Habrá conflictos. Habrá movimiento. Habrá caídas. ¿Y qué?

El juego y movimiento libre es tan sencillo como permitir que los niños y niñas sean, vivan, actúen. No se trata de programar nada sino dejar que vivan. Para los niños de infantil, el simple hecho de vivir es ya suficiente y el juego es su forma de relacionarse entre ellos, con el adulto y con el entorno, como os contaba en el podcast. De esto, surgirán millones de situaciones: bonitas amistades, abrazos, aprendizajes, peleas, golpes, ruido… Y ahí, justo ahí, está la magia. Ahí está el aprendizaje. Ahí está el desarrollo de la inteligencia emocional, la empatía, la resolución de conflictos, el aprender a caer para no hacerse tanto daño, desarrollar el equilibrio, desarrollar las habilidades sociales, saber actuar ante un problema, ante una dificultad. Aprender a elegir, a decidir, a autorregularse, a conocerse a uno mismo.

Curiosidad innata en estado puro

Es importante contar con el ruido, con las caídas y los conflictos, y abrazarlos, como diría Bei (@montesorizate.tigriteando) como la oportunidad que nos ofrecen. Es en estos momentos donde las cosas suceden. Donde podrán experimentar las consecuencias reales de sus actos (no las que les impone un adulto). Chocan contra otro niño, este cae y llora. Caminan y tropiezan. Se suben a un bordillo y se caen. Saltan en un charco y se mojan. Le quitan un juguete a otro niño y éste se enfada.

Esto es necesario para el desarrollo de las personas. ¿Cómo vamos a ser adultos capaces de resolver un conflicto si nunca lo hemos hecho antes? ¿Cómo vamos a tomar una decisión si siempre han decidido todo por nosotros? ¿Cómo vamos a tener cuidado de no fastidiar al de al lado si nunca hemos experimentado lo que sucede? ¿Cómo vamos a desarrollar la inteligencia emocional si no tenemos tiempo de sentir nada más que lo que la silla y la ficha/libro nos ofrecen (que será diferente para cada persona)?

Y como adulto, ¿cómo actuar ante los conflictos y el caos?

Esto es un aprendizaje. No tengo una receta. Sé que en unos años sabré mucho más que ahora, acompañaré muchísimo mejor el juego, los conflictos, los aprendizajes… Estoy aprendiendo y no puedo deciros cómo hacerlo. Pero sé que necesitan esto, y para ello necesitan que les respetes, que les acompañes, necesitan que estés ahí, disponible para un abrazo, disponible para ayudarles a entrar en un juego si se han quedado fuera, disponible para ofrecer seguridad. Yo estoy aprendiendo. De ellos. Con ellos. Leyendo, informándome. Pero por desgracia no salimos de magisterio sabiendo y esto es un GRAN PROBLEMA, pero nunca puede ser una excusa. Aún así, os doy algunos consejos que desde mi experiencia y auto-aprendizaje me parecen útiles. ¡No dudes en comentar para añadir o rectificar aquello que digo!

Claves para que el juego libre no sea tan caótico

  • Prepara un espacio o ambiente. No me refiero a un “rincón” o a colocar en las mesas X juego. Me refiero a adaptar el espacio a las necesidades.
    • Un espacio seguro, sin peligros (pues los peligros nos provocan inseguridad y el constante “Cuidado” “ahí no” “Despaaaaaaacio”.
    • Un espacio amplio donde se sientan cómodos y les apetezca estar. Tal vez debas deshacerte de algunas mesas, poner alguna alfombra y dar más espacio al suelo.
  • Ofrece materiales apropiados y bien colocados.
    • A su altura, a su vista y ordenados, provocando su interés y sus ganas de jugar.
    • Ojo con la cantidad: Ni demasiados, ni demasiado pocos. Muchos materiales provocan el desorden y el sacarlo todo (en algunas edades esto es normal y hay que contar con ello). Pocos materiales provocan luchas por querer usar el material o miedo a no poder tener el material que provoca peleas y conflictos. Tal vez puedas variar el material por temporadas, cuando veas que X material no les interesa.
    • Prioriza materiales y juguetes agradables al tacto y vista: Maderas, telas y elementos naturales mejor que plásticos con musiquitas.
  • Sal. Sal al patio, al parque, a la sala multiusos. Si tu aula es demasiado pequeña, recuerda que el centro tiene más espacios y recuerda las bondades del contacto con el aire libre para las personas (adultas y niñas).
  • Sé un modelo. Habla en tono bajo, muestra respeto, baja a su altura para hablarles, juega con ellos, acércate a la persona a la que vas a hablar y no le hables desde la otra punta del aula. No grites. No impongas tu voz. Recuerda que “te aprenden“. La forma en que hables a los otros niños y adultos les enseñará cómo hablar a los demás.
  • Cuenta con el caos, relájate y disfruta. Observa y verás.
  • Si nunca han jugado libres en el aula, y están muy acostumbrados a recibir órdenes, recuerda que ellos también tienen que aprender esta nueva propuesta: Cuéntales lo que vais a hacer, explica qué pueden y qué no pueden hacer antes (no en cada sesión sino los primeros dias), por si acaso creen que no pueden hacer X cosa o está prohibido por ejemplo.

Y ahora no se me ocurre nada más… ¡Ah sí! Recuerda que jugar libres no nos ofrece nada que entregar a las familias. Recuerda contarles algo de lo que habéis hecho, explicarles cuando tengas una reunión o cuándo tengas oportunidad por qué sus hijos e hijas juegan libremente y no están “aprendiendo como dios manda” y comunícate mucho con ellas. Es importante entender que para algunos puede ser complicado, para otros será un alivio saber que su peque puede SER y VIVIR. Pero TÚ, maestra, eres responsable de ofrecer lo que los niños y niñas necesitan. No lo olvides.

Un fuerte abrazo ¡Desde aquí arriba!

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