Si quieres un genio en casa ¡Ponte a estudiar! ¿no ves que yo necesito jugar?

“Si quieres un genio en casa, ponte a estudiar, ¿no ves que yo necesito jugar?” es una de mis frases favoritas del grupo de música “Yo soy ratón”, un grupo que os recomiendo por sus canciones protesta y su genial forma de dar voz a los niños.

He tenido esta frase en mente en muchas ocasiones y me viene a la cabeza casi siempre que estoy en casa de visita. Una triste realidad que me provoca una mezcla de tristeza, impotencia y enfado. Hace tiempo describí la educación infantil en Noruega diciendo que aquí los niños tienen derecho a ser niños, pero cuando me planteé por primera vez esto no era tan consciente de la importancia que tenía realmente.

En España, ser un niño significa ser una molestia, significa ser un ser a medio hacer, un adulto en construcción. Significa estar esperando a hacerse mayor, para poder ser alguien. Y cuanto antes, mejor.

No creáis que escribo esto por escribir. Me duele hacerlo, y mucho. Me duele, porque lo que antes comentaba sin pensar demasiado en ello, sintiéndome bastante exagerada, últimamente estoy viéndolo como una realidad demasiado grande.

Niños y niñas que desde los 2 años (cuando no antes) están ya haciendo fichas y yendo a clases de inglés y viendo la tele en inglés “porque así ya de paso…“, niños y niñas siendo arrastrados por las calles acompañados de frases tipo “Vaaaaaa” “Date prisa” “Deja eso” “Venga”, “Quieres estarte quieto”. niños y niñas que en vez de disfrutar de un cuento lo tienen que exprimir, si pueden aprender idiomas, emociones y ya de paso, analizar los roles de género y cualquier otra cosa, cuanto más, mejor.

Niños y niñas de infantil que tienen, además de su jornada escolar, las extra escolares: Cualquier cosa vale: Inglés, yoga, futbol, ballet, natación, programación… Y además de todo, los deberes, también conocidos como “la implicación familiar”: Que si ahora leer un libro (por supuesto elegido por la escuela), rellenar una ficha con los papás sobre una mujer importante en mi vida o (peor aún) en la historia, haz un dibujo de tus vacaciones, trae información sobre el planeta marte, haz un ninot para la falla del cole.

Pero de todo esto lo que más me duele es las formas. Las formas de hablarles, la forma de tratarles. La forma de ignorarles y de anularles. Me fijé mucho en las conversaciones en los parques, en los autobuses, en las calles. Se les ignora por completo. Los adultos hablan entre ellos sin escuchar su participación y, cuando encuentran a otro adulto conocido le piden al niño que le de un beso, le cante la canción del cole y le cuente que ayer estuvo en natación y después comió pizza (Tras lo cual me imagino al niño pensando… ” pero si ya lo has contado tú”).

¡Por su derecho a saltar en los charcos!

Por las redes se habla mucho de respeto, respeto a la infancia, a sus necesidades, a sus opiniones… Pero sinceramente, cada vez que voy a Valencia pienso que se queda en eso. Los niños son un problema, o en su defecto, un trofeo que mostrar. “Pues mi niño andó a los 11 meses” “mi hija ha salido en la función del cole de protagonista” “Pues le encantan los dibujitos en inglés” “Enseñale el baile de fin de curso” “Enseñale qué bien comes” y cuando hay varios niños, aún peor. “Venga a ver quien come más pronto la comida” “Mira como él si que lo hace” “Pues a tu amigo no le ha dado miedo…”

Respeto no es esto. Respeto es tratarle como a una persona. Si aquello que vas a decirle a un niño no se lo dirías a un adulto, entonces, no le estás respetando. A un adulto no le dirías “una cucharada más y ya”. A un adulto no le dirías “Dale un besito a mi amiga a la que no conoces”. A un adulto no le dirías en ese tono “Venga, deja de hacer el tonto”. A un adulto, jamás le estirarías del brazo para que caminase más rápido. ¿Por qué a un niño sí?

Si te hubiese gustado aprender idiomas, aprandelos. No obligues a tu hija. Si te hubiese gustado ser bailarina, hazlo, no obligues a tu hijo. Si te hubiese gustado haber tenido una idea más actualizada de los roles de genero, hazlo. No obligues a tu hijo. Si te gustaría leer más. Lee más. No obligues a tu hija.

Y te contaré un secreto: Haciéndolo, es además probable que te quiera imitar.

Pero por favor, déjale vivir. Déjale ser un niño. Sólo se es niño una vez.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: