Te doy un iPad si compras mi libro.

No se si esto que voy a escribir es algo que dais por normal. No sé si, como a mí, os hará poneros las manos en la cabeza. No sé si esto es algo muy extendido, y no entiendo como puede ser legal, si es que lo es. Pero hoy vengo a contaros uno de mis descubrimientos (o más bien recordatorios) de este fin de semana en Valencia.

Las editoriales llegan a los colegios cual papá Noel lleno de regalos y ofrecen abiertamente sus regalos (véase tabletas, pizarras digitales o cualquier caro y novedoso material) antes incluso de presentar sus productos.

Llegan al cole. Organizan una reunión con los y las maestras que corresponde y les dicen: “mira nosotros os vamos a regalar un iPad a cada uno, y si lo compráis hoy, además, la pizarra digital”. ¿A cambio de qué? De que el cole utilice esos libros durante el próximo curso o en un periodo de tiempo concreto.

Así que es por eso. Si te preguntabas por qué cada año cambian los libros, si te preguntas por qué tu hija no puede utilizar el libro de su hermana si sólo se llevan un par de años.

O si te preguntas porqué tu hijo de 3 años tiene tres libros por trimestre en vez de jugar, explorar y explotar su curiosidad al máximo.

Los libros de texto limitan, o más bien delimitan la curiosidad, el aprendizaje. Te dicen qué aprender, qué enseñar, cuando, cómo, durante cuanto tiempo, con qué ejemplos y con qué ejercicios practicarlo. Y puede que en etapas como los últimos ciclos de primaria o secundaria puedan ser una herramienta útil, ahí no me voy a meter…

Pero en infantil no lo son.

Ningún niño o niña de entre 0 y 6 años necesita realizar los contenidos que aparecen en un libro de esta etapa. No necesitan repasar, ni dibujar manzanitas. Ni investigar la prehistoria, los planetas o los continentes, salvo que por alguna razón este tema sea de gran interés para ese niño en particular (y no creo que justamente le interese exactamente lo que alguien planificó en un libro de texto que casualmente una maestra escogió utilizar a cambio de regalos…)

Ningún niño o niña necesita pasarse el día sentado en una silla, escribiendo, copiando, repasando y siguiendo un libro que no sigue ni sus intereses ni sus necesidades.

La infancia vale mucho más que unos cuantos ipads y unas cuantas pizarras digitales. Recuerda que la infancia no es eterna y que nunca, nunca, nunca, volverán a vivirla.

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