Al cole se viene a trabajar: A jugar, a casa.

Tras el post de la semana pasada, me llenasteis los comentarios de las fotos que publiqué en instagram de mensajes de apoyo, experiencias y otras frases que os han dicho con respecto al juego como centro del día a día del aula. Entre estas frases, destacó esta “jugar que jueguen en casa, que al cole se viene a trabajar”.

¿Al cole se viene a trabajar? Esto es correcto en un único caso: que seas el maestro.

Vamos a ver… Al cole, de 0 a 6 años, no es obligatorio ni ir. Al cole, de 0 a 6 años se va porque las familias no pueden cuidar a sus hijos debido al trabajo. Nos guste o no. Si me apuras, hay familias que llevan a los niños y niñas al colegio para que socialicen, para que se relacionen o si eso para que aprendan algo.

Que queremos dejar de decirle guardería porque no somos un almacén de niños, pues bien. Que queremos decirle escuela infantil porque somos un espacio educativo. Pues vale. Pero que yo sepa no se llama EMPRESA, ni PUESTO DE TRABAJO, ni FABRICA. Aunque a mi a veces sí me parece una fábrica, por desgracia. Una fábrica de clones que no piensan sino copian y tratan de “progresar adecuadamente”.

Francisco Tonucci “FRATO” ya lo pensó muchos años antes que yo.

Pero la realidad, es que a Educación Infantil, no se viene a trabajar. Según el Real Decreto 1630/2006 que establece las enseñanzas mínimas de la Educación Infantil, “la finalidad de la Educación infantil es la de contribuir al desarrollo físico, afectivo, social e intelectual de los niños y las niñas.” ¿De verdad alguien piensa que sentando a los niños y niñas en sillas durante el 90% de la jornada y haciendo fichas en silencio se está contribuyendo a esto?

¿De verdad pensáis que es posible contribuir al desarrollo integral de una persona prohibiéndole hacer la actividad que su cuerpo y su mente necesita hacer? ¿Impidiéndole ser ella misma? Porque yo creo que no.

Pero volviendo al tema de “a jugar a casa”. ¿Os habéis planteado cuántas horas pasa un niño escolarizado al día en casa y cuántas en el colegio? ¿Os habéis parado a pensar en la importancia de la vida familiar, las rutinas de higiene, las cenas, el descanso…?

Pongamos un niño que sale del colegio a las 5. Llega a casa a las 5 y media. Seguramente baje un rato al parque porque el pobre no se ha movido en todo el día o juegue un rato en casa. Quizás ni eso, igual se va con su abuela a tomar un café con las amigas mientras juega con el móvil o se va a su casa a mirar la tele. A las 7 y media u 8 ya debería estar mínimo de camino a la ducha y preparándose para la cena y posteriormente durmiendo. (Ojo que en Noruega a las 7 ya están en la cama y estoy dejando de verlo como una locura). Por tanto, suponiendo que el niño empiece su “rutina de noche” a las 7 y media, ese niño ha tenido un total de 2 horas libres en el día, en las que hará estado o solo en su casa (sin iguales con los que jugar) o en un parque (sin poder compartir verdaderamente tiempo en familia).

Siguiendo con FRATO…

Estas horas de juego, que quizá puedan ser unas pocas más si contamos con un cole de jornada continua y suponiendo que el niño en cuestión no tenga actividades extraescolares (poco probable hoy en día) no cubrirán de ningún modo la necesidad de juego del niño.

Lo niños necesitan jugar. LO NECESITAN. Es su actividad principal por excelencia la que su cuerpo está preparado para hacer. Gracias al juego los niños tienen esa potente capacidad de aprendizaje. Si él, los niños lo pierden todo. Y pasados unos años, perderán incluso la capacidad de jugar.

¿No habéis escuchado eso de “es que los niños de hoy en día no saben jugar”? Pues eso.

No saben porque no lo practican. Se pasan el día intentando hacer lo que el adulto les pide de la mejor manera posible para no decepcionar. Para que no deje el adulto de referencia de quererles, sí, suena duro pero en su mente es así. Hacer algo mal significa ser malo y ser malo significa que no te van a querer. Así es para ellos.

Y llegan a casa y juegan “a trabajar”. Juegan a mandar. Juegan a hacer trabajos (fichas). Juegan a eso porque es a lo que saben jugar. Se tiran por el tobogán o escalan en la telaraña sin llegar a meterse en un juego simbólico, sin utilizar la fantasía o la imaginación, porque se les ha quedado congelada de no utilizarla.

Y efectivamente, no saben jugar. Parece mentira, pero esta es una realidad que tenemos frente a nosotros y ante la que no hacemos absolutamente nada.

Y cada día me pregunto: ¿por qué?

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