El gran problema de los sustitutos en el barnehage.

Empieza el día. 7.15 de la mañana. Abro la puerta y me voy a la cocina para dejar preparado el desayuno mientras estoy alerta para ver si escucho a algún peque llegar. 7.25, escucho a L que llega siempre la primera. Se despide de su padre en nuestra pequeña habitación/guardarropa a la que los padres, de uno en uno, pueden entrar siempre que no haya nadie más en ella. La espero en la puerta y vamos juntas a la cocina.

“¿Vas a trabajar con nosotros?”

Sí, yo siempre trabajo con vosotros” le digo. “¿Vendrá Johan?” “Sí, en un rato llega” “¿Y Emily?” “No, hoy no viene, vendrá Claudia” “Oh.” me responde. y se queda callada. Ya está acostumbrada a esta rutina. Me pregunta al llegar quién trabajará con nosotros hoy. Tras unos 17 cambios de personas contando sustitutos de día y ayudantes de otros grupos esporádicos. Tras 3 cambios de trabajadores en lo que respecta a trabajadores fijos.

Llegan algunos niños más, algunos preguntan por otras cosas, otros desayunan tranquilos o empiezan a jugar. Me gustan las mañanas, porque todo se ve de otra forma cuando todo parece que irá bien. De repente aparece una compañera de otro grupo en la cocina. El covid nos ha quitado nuestra aula y ahora “vivimos” en una zona de paso. L, rápidamente, le pregunta “¿Vas a trabajar con nosotros? “No, hoy no” le responde. Y se vuelve a quedar callada, hasta que le dice: “Pero Miriam trabajará con nosotros”. Mi compañera sonríe, le parece muy tierna la respuesta. Yo empiezo a sentir el nudo en el estómago. L está cada vez más seria y veo que no juega con el resto de niños. Sin embargo, coge algunos juguetes y los lanza, después me mira con mirada desafiante. Sé que está llamando mi atención de la manera que sabe. Todavía son las 8.15 y yo sigo tranquila, voy y le digo, “¿Jugamos juntas?” “NO.” “¿Quieres que me quede aquí contigo?” “NO. Quiero estar sola.” “Vale, como quieras, iré a otro sitio, ven si quieres”. Me voy a atender a otros niños y la veo lanzar más cosas. Aparece otro adulto de otro grupo y surge la misma conversación. “¿Vas a trabajar con nosotros?” Y yo respiro hondo.

Pasan las horas, ya han llegado los trabajadores de mi grupo y por fin L recibió dos respuestas afirmativas a su pregunta, que ya se ha repetido unas 5 veces hoy.

Vamos pasando de jugar y acompañar al modo supervivencia, casi sin darnos cuenta. De pronto tenemos varios peques lanzando la comida de la despensa y algunos otros envueltos en un conflicto lleno de golpes. Todos estamos atendiendo a alguien y L se acerca a mi. “Miriam, no te quiero” “Yo a ti sí te quiero” le respondo. Me duele especialmente porque hubo un periodo en el que me decía que me quería cada día y porque sé que sí me quiere, pero es su modo de decirme “te necesito más” y me duele saber que no soy capaz de darle más.

De repente hay varios adultos de otra sala en la cocina, haciendo la comida y charlando. Me molesta profundamente. No sabría decir si me molesta más que hagan tanto ruido en MI CLASE y molesten a mis niños o si lo que me irrita profundamente es que preparen la comida sin prisa y con una sonrisa, mientras yo siempre tengo que preparar con prisa y los ojos y oídos puestos en los niños que me necesitan en ese momento más que a la comida.

Y finalmente, entre supervivencia y un rato al aire libre, pasa el día. Cuando me voy, normalmente recibo muchos abrazos, algún que otro “no te vayas” que hace que me acabe yendo 10 minutos tarde y, por supuesto, la pregunta:

“¿Vas a trabajar con nosotros mañana?”.

L. me recuerda cada día varias veces al día el efecto de los sustitutos. El como de tener tres adultos de referencia con los que se sentía segura al inicio de curso, se quedó sólo con una y poco a poco pasó del “Te quiero Miriam” al “¿Vas a trabajar con nosotros?” tras el que se refleja el miedo a la pérdida, el miedo a quedarse desprotegida con adultos que no son conocidos o que no han logrado ser de confianza para ella, tras tantos cambios. El miedo ganó al amor y ahora, además de conocer y orientar a mis nuevas compañeras, tengo que trabajar en ese vínculo, en fortalecer el amor y lograr que éste sea capaz de vencer al miedo.

Hoy te he contado la percepción de L. Los otros 15 lo perciben de 15 maneras diferentes. Algunos han empezado a pegar. Otros han decidido esconderse bajo las mesas. Algunos eligen hacer travesuras. Otros lloran en cuanto salen de casa y se niegan a ir al barnehage. Algunos, por suerte, se han adaptado fenomenal a los cambios y parecen felices con quien venga.

¿Y yo? Yo estoy haciéndolo lo mejor que puedo y casi todo el tiempo tengo la sensación de que no es suficiente.

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