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“Yo lo que quiero es enseñar”

El otro día, navegando por el blog de Seño Punk, me encontré con este comentario que bien podrían haberme dejado a mi, pues se lo preguntan en relación a su experiencia en Alemania.

Ante este comentario me vino una oleada de cosas que decir y decidí escribir un post al respecto, pero no sabía como empezar. Y pensando y pensando me dí cuenta de que yo, hace unos años, podría haber escrito el mismo comentario. Sí, ese comentario que hoy me ha producido esta oleada de emociones, y no precisamente buenas.

Así que, por si tú también has pensado esta frase “yo lo que quiero es enseñar” como yo lo pensé cuando estaba en la universidad, te animo a quedarte a reflexionar… Aunque puede que no te guste lo que lees.

Como maestra de educación infantil mi función no es enseñar. Si estás estudiando magisterio o lo has estudiado porque quieres ENSEÑAR, tengo que decirte una cosa: Estás en el sitio equivocado. ENSEÑAR puede que lo hagan los maestros de primaria, o de secundaria o de universidad, aunque a día de hoy, dudo de eso. ENSEÑAR… es una palabra que se queda un poco grande, una palabra llena de ego, de superioridad.

Yo puedo intentar enseñar algo a los niños y niñas. Puedo intentar que aprendan cosas. Pero, además de que no es mi función en infantil, no sería más que un intento. Pensar que estas ENSEÑANDO cosas y que van a APRENDERLAS, la verdad, es venirse un poco arriba. Pero el caso no es si lo aprenden o no, el caso es que en infantil: NO HAY NADA QUE ENSEÑAR.

En infantil, la misión del adulto, ya sea maestra, educador, padre o cuidadora es, sencillamente ACOMPAÑAR. Y no es una cuestión de términos, porque a mi las batallas de términos ya sabeis que me importan poco, pero es una cuestión de actitudes, de expectativas y de voluntad.

Al enseñar, estás esperando que aprendan algo. Tienes un objetivo, una expectativa y por lo tanto, puedes/pueden fracasar. Pueden no aprender. Pueden no cumplir el objetivo. Y entonces uno de los dos (o tú, como persona que enseña, o él, como persona que aprende) habrá fallado. En infantil, nunca se falla, nunca se fracasa. Es imposible. O al menos así lo veo yo.

En infantil, los niños y niñas están en pleno desarrollo. Están aprendiendo a caminar, a hablar, a relacionarse, a jugar, a contar, a conversar, a escuchar, a vestirse, a comer, a saltar, a correr, a repartir, a discutir, a enfadarse, a defenderse, a valorarse, a orientarse… Están desarrollándose a todos los niveles y cada uno a un ritmo particular, con unos intereses individuales, con un entorno diferente. Pretender que aprendan lo que tú les vas a enseñar, es tener demasiado ego.

¿Qué es eso?

Y no te culpo. Yo lo tenía al salir de la universidad. Yo, sí, culpable. O no. Así salí de magisterio, creyendo que enseñaría a leer y a escribir a todos aquellos que en un futuro desprestigiarían magisterio, a los médicos, a los abogados, a los científicos. Lo pensaba de verdad, tanto que lo escribí en un trabajo. Pero, por suerte, ya no. Ese complejo de inferioridad que se me había generado por las críticas a mi carrera, ya no está. Ese ego que me hacía pretender enseñar cosas a los niños ya que ellos no las sabían, desapareció. Y no me dí cuenta de que desapareció hasta que leí ese comentario y me dio tanta pena. Porque puede que esa persona, todavía mantenga su ego, y puede que sus alumnos y alumnas, lo tengan que aguantar.

Yo quiero que los niños y niñas de mi alrededor, del barnehage, aprendan de mi. Quiero que aprendan a respetar, que aprendan a escuchar, que aprendan a intentar las cosas una y otra vez aunque no nos salgan, quiero que aprendan a no generar basura, quiero que aprendan mucho de mi, pero yo no se lo voy a enseñar, ni tampoco espero que lo aprendan. Es un deseo, me gustaría que en su día a día, se fijen en mi, y aprendan lo mejor de mi, y por ello me esfuerzo en ser mejor persona cada día y ser mi mejor versión con ellos. Pero sé que de todo esto, aprenderán algo, tal vez, o quizás aprendan a pronunciar mal la U. O tal vez aprendan a suspirar cuando están cansados, o incluso quizás aprendan a evitar las conversaciones incómodas. Cada uno se fijará en una cosa, y esto será lo que yo les haya enseñado.

¿Y los números? ¿Y las letras? ¿Y los conceptos? Todo eso no voy a enseñarselo yo. De nada serviría. Todo esto lo aprenderán ellos. Manipulando, experimentando: JUGANDO.

¿Y entonces? ¿Yo no hago nada? ¿Yo sólo cambio pañales, vigilo y recojo juguetes? Pues sí y no. Más bien no. O sí. Según lo veas.

Aprender no requiere de que otro te enseñe

Yo ofrezco situaciones, yo me pongo a jugar a X cosa a ver si les provoco y les apetece venir. Yo estoy presente, para responder sus preguntas, para ser un ejemplo. Yo leo delante de ellos y cuando no sé algo lo busco, y les digo que lo voy a buscar, porque no lo sé. Yo cuento cuántos niños hay o cuantas rebanadas de pan les quedan. Yo miro la hora y digo a veces en alto qué hora es. Yo, a veces, digo alguna palabra en español. Yo les animo a buscar su nombre en la botella para saber cual es el suyo.

Pero yo no les enseño. Yo no les digo primero va el uno y después el dos y después el tres. Yo no les digo como se dibuja una E. Ni de que color se pinta el sol. Yo no les enseño a dividir, ni a sumar, ni a contar. Yo hago esas cosas delante de ellos porque estas cosas se hacen en la vida diaria. Yo convivo con ellos. En libertad: les dejo ser, y con ello, aprender.

Y esto es para mi, hoy, ser maestra. Estar. Respetar. Acompañar. Pero no… Yo lo que quiero no es enseñar.


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